SURVIBE Diary: San Antonio – #1 Station (2/3)

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Al día siguiente, empezaron el siguiente reto en su apretada agenda: muros algo más grandes, para meterse de lleno en la iconografía americana del “the bigger, the better”. Las grúas y escaleras hicieron acto de presencia y la plástica se mezclaba con sprays y sombreros de mejicano. El sol apretaba como en una película del este y la sombra escasea. Los chicos combaten el calor tejano con neveras de porex (como buenos españoles) llenas de Gatorade. A todo esto, Elliot empieza a desarrollar un superpoder: el desdoblamiento del ser, ya que su intención es cubrir ambos muros, por un lado el de Sabek en Mercuri Project y el de Joan en Blue Star Arts District. Dos distritos, dos muros, una sola persona armada con una cámara. Momento película de Hollywood, otra vez.

Llegados a este punto, los chicos ponen a prueba a Anthony con sus exigencias de colores y materiales. Materializar el producto de tu imaginación a algo tangible es lo que tiene. La sesión de pintura avanza a ritmo de rancheras, hasta que de repente, los chicos se llevaron el primer susto del viaje, y esperamos que sea el único: Joan se cae de la escalera en la que estaba pintando. Crack! Pie de elefante, hielo, coche, seguro, hospital, rayos X, esguince de ligamientos y tobillo. Diagnóstico: tres semana de reposo y venda más tres semana más de recuperación y ejercicios, lo que supone una imposibilidad temporal para pintar. Unas muletas y mucho hielo después, the show must go on. Esto es SURVIBE, toca adaptarse, seguir: ni un pie magullado podrá con estos rebeldes del spray. Es momento de ponerse el sombrero de cowboy y seguir con su camino.

Sabek, tras acabar su muro, Aquila Revelion, que representa la fusión entre dos culturas fronterizas creando como resultado el híbrido tex-mex, une fuerzas con Pablo Straigh para ayudar a terminar el muro de Joan Tarragó, que sin comerlo ni beberlo acabó como una obra colectiva. Así, cerraron la primera etapa del viaje con un pie lesionado, tres obras, un master en cultura tex-mex y una buena ración de tequila sunrise, bendito brebaje redentor.

Llegó el momento de abandonar San Antonio y arrancar la furgo (la Chucha, como la han bautizado) hacia Atlanta, pero eso no podía suceder sin pasar antes por el templo de la cocina mejicana, Mi Tierra, restaurante donde los habían invitado para poner el broche de oro a su paso por este maravilloso rincón de la América profunda. Allí los trataron a cuerpo de rey, ofreciéndolos una cata más que abundante de los platos típicos de la región, marinados con música mariachi y una lección de la herencia histórica familiar del restaurante donde han comido varios presidentes, fíjate tú que cosas.

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